La historia del templo más icónico de la capital aragonesa custodia una de las anécdotas más impactantes de la Guerra Civil española. Ocurrió en la madrugada del 3 de agosto de 1937, cuando un avión del bando republicano sobrevoló Zaragoza y arrojó tres bombas de 50 kilogramos directamente sobre la Basílica del Pilar.
Pese a la violencia del impacto, la tragedia se convirtió en un hecho insólito: ninguno de los artefactos llegó a detonar. Una de las bombas cayó en la plaza del Pilar, justo enfrente del templo, mientras que las otras dos atravesaron el techo de la basílica, alojándose en el piso superior de las bóvedas y rozando incluso la estructura cercana al altar mayor.
La falta de explosión fue calificada de inmediato como un «milagro» por la devoción popular turolense y aragonesa, aunque los análisis técnicos posteriores apuntaron a fallos en la espoleta o a que las bombas fueron lanzadas desde una altura insuficiente para armar el mecanismo. Hoy en día, dos de aquellas bombas sin carga se exhiben colgadas en una de las columnas del interior del templo, recordando a los miles de visitantes este episodio singular de la historia zaragozana.
